Cuando olvidé grabar a Sister Lucy
Una pequeña lección sobre el control, los errores y lo que hacemos con ellos
¿Quién me iba a decir que de una entrevista a una monja india iba a salir una lección tan valiosa? Esta semana surgió la posibilidad de entrevistar a Sister Lucy Kurien, aprovechando su visita a España y, concretamente, al Espacio Ubuntu, un coworking rural en el que trabaja mi amigo y periodista Andrés Valdés López. Gracias a él tuve acceso a ella.
Todo estaba preparado: Jueves, 9:00 de la mañana. Ella, conectada desde Alceda, Cantabria, en los valles pasiegos. A su lado, Andrés, traduciendo la conversación. Al otro lado de la pantalla, yo, desde la periferia de Alicante. Había 25 minutos para hablar sobre su experiencia en España y sobre los aprendizajes de la vida.
Y todo fluyó. Terminamos a la hora prevista. Agradecimientos. Despedida. Cierro Zoom. Y justo ahí me doy cuenta: no le había dado a grabar. “¿En serio?”, me dije. Durante unos segundos busqué alguna posibilidad absurda de que el audio hubiese quedado guardado automáticamente. Pero no.
Cinco minutos después apareció esa sensación moderna de pérdida: si no quedó registrado, parece que no existió. Aun así, algo me calmó rápido:
“¿Cómo puedo resolverlo?” Pensé que quizá Andrés habría grabado la conversación. Le llamé:
¿Dime? Me pillas en la gasolinera.
Una pregunta… ¿grabaste la entrevista por casualidad?
No.
Pues yo cometí el error de no hacerlo.
Vaya…
Silencio.
Y entonces dijo algo sencillo: “Tranquilo, la reconstruimos”. Y ahí cambió algo. La situación seguía siendo la misma. La grabación no había aparecido. Pero el error dejaba de ser un muro para convertirse en material. Quizá porque la vida tiene bastante de eso. No de hacerlo todo perfecto, sino de aprender a movernos con lo que hay.
Estos días además siento cierta aceleración alrededor. El calor. Mi hijo anda medio enfermo. Las noches están siendo menos descansadas. Muchas pequeñas cosas acumuladas. Y en medio de ese ruido apareció esta escena mínima: olvidar darle al REC.
Curiosamente, una de las respuestas que más nítidamente recuerdo de Sister Lucy fue esta: Le pregunté: “¿Qué piensas de los errores?” Y respondió, casi sin pensarlo: “El ser humano y los errores van de la mano”. No describió las cargas y arrepentimientos como retos de mejora, sino más bien ocasiones especiales para practicar la compasión.
Sister Lucy nació en Pune (India) y fundó Maher en 1997 tras presenciar un caso de violencia doméstica. Desde entonces han creado una red de hogares para mujeres, menores y personas vulnerables en distintas zonas de India. Esa vocación de acogida también se refleja en el ámbito espiritual. En Maher conviven personas de distintas religiones y las actividades comunes se diseñan para que nadie quede excluido por sus creencias. Para ella, todas las religiones son formas de acercarse a lo divino. “Siempre hay espacio para una persona más en el corazón humano”, deslizó durante el encuentro digital.
Pero más allá de los datos, lo que sí quedó de la conversación fue una huella. No exacta. No literal. Pero sí humana. Sobre su viaje a España dijo que estaba siendo “caluroso en términos ambientales y personales”. Y quizá esa mezcla resume bien su manera de estar en el mundo: firme, cercana y profundamente abierta a las personas.
Cuando le pregunté qué le había enseñado la vida, respondió: “La bondad de las personas es muy grande”. Hablaba tanto de quienes sostienen el proyecto como de quienes llegan a él buscando apoyo. Sobre el origen de su camino: “Desde pequeña sentía que había injusticias que quería afrontar”. Entre los recuerdos que evocó está la impresión que le produjeron las chabolas de Bombay, tan distintas al paisaje rural y austero de Kerala, donde pasó su infancia.
No habló desde la teoría, sino desde una convicción que fue tomando forma en experiencias concretas y que después convirtió en una práctica diaria difícil de sostener durante tantos años.
Y al animarla a describir qué es vivir bien, dijo que consiste en estar en conexión con lo divino y con los demás. Para ella, eso empieza cada mañana con un momento de silencio y presencia antes de encontrarse con el mundo. Además, añadió que lo suyo es no dejar para mañana lo que podemos hacer hoy. Algo así como vivir cada día como si fuera una vida. Habitar lo efímero.
Quizá algunas conversaciones no vienen a quedarse en Internet. Vienen a guardarse dentro de uno.
La próxima vez intentaré darle al REC. Y si no ocurre, recordaré que hay cosas que solo existen cuando no se graban.
Con la colaboración de Andrés Valdés López (acceso a la entrevista, traducción del inglés al español y apoyo durante la elaboración).



