Lo que entreno con Biwenger
Práctica sobre el apego, el control, el disfrute y no depender tanto del resultado
“Cuando el resultado me roba el momento” podría haber sido otro posible titular. Pero quería ampliar la visión y, al mismo tiempo, centrarla en torno a Biwenger, un juego online de gestión de plantillas de fútbol que me está dando mucho desde hace una década. La clave es que “para ganar hay que acertar qué futbolistas de diferentes equipos van a rendir mejor en la vida real”, como sostiene un reportaje de Eldiario.es.
“¿Biwen qué?”. Podría contestar una persona ajena a este mundillo. Leo que tiene más de un millón de usuarios desde 2018. En nuestra liga privada somos 11 desde 2016. Ahí no soy Pablo, soy Chafún. Ahí no soy solo del Sevilla, soy un poco de todos los equipos. Esa es una de las cosas más bonitas que me está dando el juego. Claro que quiero que gane el Sevilla, pero al mismo tiempo celebro las actuaciones de otros representantes de mi plantilla.
Porque una de las cosas especiales que tiene Biwenger es que te alegras cuando un jugador de un equipo random lo hace bien: saca un balón por alto, da un pase entre líneas o marca gol aunque sea de rebote. Y eso te va ampliando la mirada. Si eres de Murcia y tienes dos jugadores del Celta, puedes acabar celebrando un gol suyo como si fueras gallego.
Esta temporada coincidió que venía de unos años muy buenos en la Liga y, como también estaba en una etapa de cambio personal, decidí experimentar. Nuestras normas solo permiten tener dos jugadores por club. Pues quise aumentar el reto: uno por equipo. Sin pensarlo demasiado, aquello me amplió la mirada y me calmó bastante.
Si el máximo es tener 15 jugadores por plantilla, me propuse tener 15 de equipos distintos durante media Liga. Si entraba uno del Betis, salía otro. Y de repente sentí algo curioso: era un poco de 15 equipos diferentes. Incluso la estrategia llegó a darme rendimiento durante un tiempo, hasta que lesiones, errores y sanciones la fueron frenando.
Ahí entendí algo que me interesa también fuera del juego: el camino a tu gusto suele ser más sostenible. Porque Biwenger te empuja constantemente a otra dinámica. Comprar, vender, especular, detectar subidas de valor, invertir mejor que el resto. Y sí, esa rueda tiene algo adictivo. Pero yo quería relacionarme con el juego de otra manera y pasar menos tiempo diario dentro de la app.
Quería rendimiento, claro, pero también otras cosas: jugadores de equipos distintos, estilos que me gustaran en la vida real, perfiles equilibrados, futbolistas con los que conectara. Ese era mi tocao.
Al final flexibilicé el modelo para no convertirlo también en rigidez. Voy a acabar en mitad de tabla, con solo una victoria semanal en toda la temporada, pero disfrutando muchísimo de hacer las alineaciones cada viernes.
Buscando el esquema más fluido (3-5-2 o 3-4-3), comentándolo con mi hermano en audios eternos donde lo personal acababa teniendo casi el mismo espacio que el fútbol. Y aprendiendo algo sencillo: ganar está bien, claro que sí. Pero construir una plantilla con una dirección clara, confiar, no vender por impulsos y aguantar resultados me resulta bastante más saludable. Aunque luego se pierda.
En esa línea también se está moviendo Kike, que iba camino de acabar en el podio y seguramente terminará cuarto. “Desde hace cuatro jornadas no vendo ni ficho y estoy tranquilo con lo que hay”, decía hace poco alguien cuyo lema siempre había sido “mover el arbolito”.
Y luego está Franchi, que ha ganado mucho estos años y sigue arriba porque entiende muy bien algo que el fútbol enseña rápido: el control total es imposible. Observa un jugador al alza, contrasta información, se lanza y acepta el margen de incertidumbre.
Ahora mismo compite por el segundo puesto con mi hermano, Davidcete. Lo bonito es que ambos comparten algo parecido. Más allá de los esquemas y jugadores, hay una forma bastante sana de competir. Les encanta ganar, pero después saben relativizar, soltar y alegrarse también por el otro.
La ansiedad muchas veces aparece cuando intentamos controlar demasiado lo que no depende de nosotros. Y Biwenger, aunque sea un juego, también funciona como espejo.
Ahí aparece Manu, creador de toda esta historia y amigo que nos mantiene unidos desde hace años. Administrador, juez y dictador corrupto según convenga. Las normas las impone con humor. Tampoco podía ser de otra manera en alguien cuyo lema es: “La vida se juega al primer toque”.
Y luego está Fede, al que apenas he visto una vez en la vida, pero que también sostiene mucho del espíritu de la Liga. Siempre aparece con humor, sencillez y algún comentario que conecta a todos y le pone salsa a la semana.
En el fútbol muchas veces no ves el partido: proyectas consecuencias. Y en Biwenger tampoco disfrutas la jornada si entras en modo control, notificaciones de goles y rojas que te sacan del momento. Calculas escenarios.
Puedo desear que gane el Sevilla o que mi alineación funcione. Claro. El problema empieza cuando mi paz depende de ello.
Madurar es seguir implicándome, pero dejando de vivir cada experiencia como si tuviera que garantizarme algo.
Porque la calma no llega cuando siento menos.
Llega cuando me apego menos.



