"Nos ha llegado el momento"
Aragonés sembró una idea, Del Bosque la cuidó y De la Fuente la ha convertido en una forma de competir
“Ey, escúchenme: nos ha llegado el momento. Nos han metido hostias de todos los colores. Vamos a demostrarlo ahí. Meto la pierna, ellos la van a meter también. Y cuando estoy cansado, levanto la mano y sale un compañero. Si lo estamos pasando mal, nos juntamos. Y si podemos machacar, machacamos”. Discurso de Luis Aragonés antes de la final de la Eurocopa de 2008 con Alemania, recogido por ElDesmarque.
“Tras caer en el primer partido ante Suiza les dije, de una forma muy salmantina, que si ganábamos los próximos seis partidos íbamos a ser campeones del mundo. Lo dije tan serio y seco que me escucharon y nada más. Les recordé que era un desafío que por el momento no era inaccesible”. Sencillas palabras en la Cadena Ser de Vicente del Bosque semanas antes de la final del Mundial de 2010 ante Holanda.
“Leí una frase en Meditaciones de Marco Aurelio, que decía que lo que es malo para el panal es malo para la abeja. Y así es: cada uno tenemos que pensar en grupo. Y a nosotros nos va bien. Vivimos al margen de las valoraciones y nos permite tomar las decisiones con tranquilidad. La calma es poder”. Estoica reflexión de Luis de la Fuente en la previa de cuartos de este Mundial contra Bélgica, publicada en El País.
Los tres hablan de cosas distintas y en el fondo dicen algo similar. Luis habla de compromiso. Del Bosque, de confianza. De la Fuente, del bien común. Hace dieciséis años un grupo de futbolistas nos enseñó que la paciencia también podía ganar un Mundial. No fue el equipo más espectacular. Ni el más rápido. Ni siquiera el más goleador. Las victorias solían ser por la mínima. Fue el que mejor entendió que los partidos importantes se juegan con la mente serena.
Luis Aragonés había sembrado una idea mucho antes del gol de Iniesta. Vicente del Bosque la cuidó sin hacer ruido. Y Luis de la Fuente está siendo un maestro de la esencia humana. El resto ya forma parte de la memoria colectiva. Han pasado dieciséis años. Dieciséis. Hay números que sólo son números. Y otros que, aunque sepamos que no significan nada, nos gusta mirar dos veces. Dieciséis años desde Sudáfrica.
Dieciséis es el dorsal de Rodri, quizá el futbolista que mejor representa hoy esa manera de entender el juego: pensar antes de correr, dar sentido a cada pase, anticiparse, hacer fácil lo difícil. También fue el número que llevó Antonio Puerta en el Sevilla, cuya historia épica recuerda que el fútbol, antes que negocio o espectáculo, sigue siendo profundamente humano. No sé si los símbolos anuncian algo. Quizá nos obligan a mirar con más humildad.
En todo caso, nos conducen a mirar con más atención. El sabio de Hortaleza repetía que los partidos importantes empiezan mucho antes del domingo. En un entrenamiento. En una conversación. En una corrección pequeña. En un hábito repetido cuando nadie mira.
Quizá por eso esta selección transmite sosiego. Ha jugado a su ritmo, como le dijo el Marqués a Ramón Besa. Si llegan las protestas de Otamendi, no reaccionar. Si toca sufrir porque nos embotellan en el área, resistir unidos. Ahí también se juegan las finales.
Luego puede ocurrir cualquier cosa. Si Argentina nos vence, habrá que reconocerlo. ¿Quién no se rendiría una vez más ante una genialidad de Messi? Jorge Valdano lo explicó mejor que nadie: “El talento en el fútbol es capaz de pasar por encima de todo”. Pero Argentina es mucho más que Messi. El Dibu Martínez, Paredes, Mac Allister, Enzo Fernández, Julián Álvarez… una selección que combina carácter, oficio e imaginación.
Perder no invalida el camino. Pero, mientras el balón aún no ha echado a rodar, también está permitido creer. Creer sin soberbia. Hoy habrá millones de personas mirando el mismo partido. Algunas sólo verán un marcador. Otras veremos algo más. Paciencia. Silencios. Coberturas. Desmarques. Repliegues. Miradas. Gestos.
Pequeños detalles que suelen pasar desapercibidos y que, sin embargo, terminan cambiándolo todo. No controlar el resultado. Sí cuidar cada detalle. Porque, al final, las grandes victorias casi siempre empiezan mucho antes del pitido inicial.
Así que… Ey. Escúchenme. Creo que nos ha llegado el momento. No solo de intentar ganar otra estrella. También de disfrutar el camino. Como se gozan las cosas importantes de la vida: estando completamente presentes. Al defender. Al esperar. Al atacar. Todo ladrillo hace pared. Todo detalle hace equipo. Todo equipo hace historia.



