Si tengo que quedarme con un tipo de humor que me representa actualmente, digo Raúl Cimas.
Curiosamente, nació un 5 de noviembre, como yo. Él en 1976; yo, en 1981.
Ingenioso, absurdo y campechano. Capaz de encontrar algo extraño, tierno o simplemente divertido en una situación cotidiana.
Lo descubrí hace años disfrutando de Cero en Historia y desde entonces es una inspiración. No solo por el humor. Cimas estudió Bellas Artes, dibuja, escribe, interpreta. El humor le da de comer, pero el arte parece formar parte de una manera más amplia de mirar.
Desde hace años vive apartado, en el campo de Guadalajara. Quizá no sea casualidad.
Porque su estilo no nace de hacer chistes constantemente. Nace de una sensibilidad peculiar: ternura, observación y una manera muy particular de mirar el mundo.
Después de disfrutar hace unas semanas de su pregón de la Feria de Albacete, rescato algunas frases como pequeñas pinceladas de esa mirada.
Serio de fondo.
“Hay unos versos de María Rozalén, que salen en el nuevo disco y solo los he leído yo. Dicen: ‘Te vi el 7 de septiembre rebosante de alegría, luego te vi el 17 y en la UCI te atendían’. Digo esto para que tengamos cabeza y que todos los que velan por nuestra seguridad también tengan una buena Feria”.
Detrás del humor hay alguien que sabe cuándo toca ponerse serio.
Atento a la pertenencia.
“Albacete es una ciudad ante todo amable, que tiende puentes”.
Y también:
“Dicen que nadie es profeta en su tierra. Yo creo que mejor ser pregonero que profeta. El profeta anuncia un poco de todo, yo solo anuncio la Feria, que es lo mejor que hay en la galaxia”.
Una manera de hablar de su tierra sin ponerse solemne. Con orgullo, pero con una sonrisa.
Absurdo cuando asoma.
“¿Qué cosa más grande se ha creado de juntar las cañas con la cena?”.
Eso también es Cimas: mirar algo que todos damos por normal, girarlo un poco y descubrir que, efectivamente, quizá estamos ante uno de los grandes inventos de la humanidad.
Humano siempre.
“A los que hayáis tenido un mal año, os vamos a cuidar. A los que lo hayáis tenido bueno, disfrutad que ya vendrán. Por los que estamos, por los que nos faltan, por los que vendrán”.
Y después, casi como quien no quiere darle demasiada importancia a lo que acaba de decir:
“¡Viva esta ciudad, en la que nunca ha pasado un día sin reírme!”.
Quizá por eso me gusta tanto. Serio de fondo. Profundo cuando aparece. Absurdo cuando asoma. Humano siempre.
Y, sobre todo, capaz de sacarle punta al lápiz a la vida cotidiana, encontrando una grieta por donde entrarle con humor.


