Un día mi hermano lo escuchó en la Cadena Ser. A las pocas horas le propuse mantener un encuentro y enseguida respondió que sí, con amabilidad. Durante cuatro años, David Ruiz navegó por todo el mundo a bordo de su Thor Cinco.
Esta es una conversación sobre ritmo, atención, viaje, cambio y la importancia de parar para volver a mirar.
Algunas de sus reflexiones durante la conversación:
“Cuando corres tanto no ves el paisaje. Y el paisaje es la vida”.
“Mantuve un blog durante el viaje. Mandaba un post cada mes. El asunto se llamaba: ¿dónde está David Ruiz? Y lo mandaba a 300 direcciones. Esto lo hice porque no querían que se olvidaran de mi nombre. Y cuando llegué ya había gente que quería conectar conmigo, incluso clientes”.
“También he aprendido a relativizar absolutamente todo. A la adversidad le abro los brazos. Cuando una persona me incomoda, me planteo: ¿A ver cómo me lo hago para salir lo más airoso posible? Me lo tomo como un juego y funciona bastante bien”.
Su historia es mucho más rica que la de alguien que decidió bajar el ritmo. David sabe acelerar, prepararse, navegar, cambiar, adaptarse y también parar.
Ha dado la vuelta al mundo. Ha cambiado la publicidad por el branding (ruizcompany.com). Y sigue aprendiendo a marcar su propio ritmo. Sabe que volverá a vivir en la naturaleza. También que todavía no es el momento.
Mientras tanto, cada día observa el cielo durante cinco minutos, baila diez y medita, al menos, veinte. Quizá vivir también consista en eso: aprender a esperar sin dejar de estar aquí; encontrar la coherencia entre pensar, sentir y hacer, a un ritmo natural y propio.
Sabiduría cercana, voces pausadas: el privilegio de escuchar vidas destiladas. Lo que funcionó, lo que no, lo que merece la pena, lo que dejamos de perseguir, lo que todavía podemos cambiar.










