Un buen amigo inaugura esta sección, donde se escucharán testimonios de vidas más mayores que la mía.
Elías me saca quince años. Nos conocemos desde hace casi treinta. Nuestros primeros encuentros fueron en una pista de tenis durante los veranos, y con el tiempo se fueron extendiendo a otras épocas del año, siempre con el tenis como canal.
Nunca hemos competido: peloteamos y, entre golpe y golpe, hablamos de cómo nos va la vida.
Siempre lo he sentido como un sabio cercano. Por su sonrisa, por su ánimo, por su forma de estar, por esa mezcla de ganas de aprender, de resolver y de cuidar, sabiendo ocupar el espacio justo, sin invadir.
Me apetecía empezar con él porque nuestros encuentros fluyen con naturalidad. Para mí es un faro: alguien que vive la vida con ligereza, sin pelearla, aprendiendo a adaptarse… y con mirada de niño.












